Esta semana el mundo del vermut argentino tuvo movimiento. Uno de los grupos vitivinícolas más grandes del país se quedó con la distribución de Cinzano, la marca de vermut más consumida en Argentina, en un acuerdo con el gigante italiano Gruppo Caffo. Y no es un dato menor: según distintas consultoras, el país ya es el mayor productor de vermut de toda Latinoamérica, muy por encima de Brasil, y la categoría crece a un ritmo que duplica al del resto de las bebidas alcohólicas.

El vermut dejó de ser una bebida de nicho o una moda pasajera. Es, hoy, una de las categorías más dinámicas del mercado argentino, con marcas grandes reordenando el tablero y consumidores que cada vez piden más calidad, más origen, más historia detrás de la botella.

En Arroyo Blanco miramos estos movimientos con atención, pero sin apuro. Nuestro camino nunca fue competir en volumen. Elegimos, desde el primer día, hacer vermut en la Patagonia, en Trevelin, con cerezas de Los Cipreses, manzanas del valle 16 de Octubre y hierbas silvestres que crecen al pie del Cordón Situación. Sin agua añadida. En lotes pequeños. Con las manos.

Que las grandes marcas se reacomoden es, en realidad, una buena noticia para toda la categoría: significa que cada vez más gente en Argentina está descubriendo el vermut, probándolo, comparando, animándose a lo artesanal. Y ahí es donde queremos estar: no como la alternativa masiva, sino como la opción para quien busca un vermut con identidad, con origen certificado (nuestro Sello de Distinción Origen Chubut lo respalda) y con la trazabilidad de saber exactamente de dónde viene cada ingrediente.

 

El vermut argentino está creciendo. Nosotros seguimos, como siempre, haciéndolo a nuestra manera: desde el sur, despacio. Sin prisa.