Soy Emiliano Pérez Caravello, ingeniero en alimentos con más de 20 años de experiencia en la industria argentina de alimentos y bebidas.
Uno de los criterios que definí desde el inicio del proyecto fue no adoptar la categoría de "maleza" al momento de trabajar con la flora silvestre de la región. Buena parte de las especies que crecen en la estepa y el valle son descartadas sistemáticamente por no encajar en una clasificación de utilidad convencional, sin una evaluación real de su potencial. En mi formación como ingeniero en alimentos, aprendí a evaluar cada materia prima por su composición y su aporte técnico, no por su reputación. Ese mismo criterio aplico en Arroyo Blanco: cada botánico que forma parte de la fórmula fue seleccionado por lo que efectivamente aporta al producto, sin distinciones previas sobre su valor.
Llegué a Trevelin en 2021 con mi familia, buscando algo distinto. Lo que encontré fue un territorio con una identidad tan particular — la colonia galesa, la cultura mapuche, la cordillera, el agua — que era imposible no hacer algo con todo eso.
Arroyo Blanco nació de esa convicción: que un buen vermut tiene que tener raíces. Que cada ingrediente tiene que poder rastrearse, nombrarse, justificarse. Que el territorio no es un recurso de marketing sino la razón de ser del producto.
No trabajo con esencias ni con atajos. Formulo desde la técnica y desde el lugar.
Tengo dos maestrías, formación en agronegocios y décadas de trabajo en gestión de calidad, inocuidad y desarrollo de productos. Fui parte de programas nacionales de agregado de valor en el sector agroalimentario y coordiné el clúster de cerveza artesanal de la Patagonia Andina. Sé lo que significa construir una cadena de valor desde cero en una región periférica.
Arroyo Blanco es mi proyecto más honesto.